Hablar del desbarajuste

En verdad hay pocas sensaciones tan desagradables como la certeza de estar escribiendo algo que no va a ser útil. Y es el caso de estas líneas, que comentan la evolución de los precios de un grupo de alimentos básicos durante el mes pasado, según el relevamiento de nuestro Observatorio de Precios.

Y es que el desbarajuste cambiario/económico/político en que se vio envuelto el país durante los últimos días del mes y que aún no cesa hace ímproba la tarea del encuestador, forzado a realizar análisis a partir de fotos que se desvanecen a los pocos minutos de ser tomadas.
Sabemos que los precios que registran nuestras planillas no son ya reales, pero son los que tenemos.


A partir de ellos podemos emitir dos tipos de opiniones.
La primera es que durante agosto el panorama no había variado sustancialmente del que se veía en meses anteriores, con diferencias abismales entre los precios de las cadenas de supermercados y los del Mercado Central. Esto no quiere decir que la situación sea la misma que el mes anterior. A medida que el tiempo pasa el castigo duele más, porque el látigo golpea en heridas preexistentes.


Y la segunda es que, en los meses venideros, cuando los precios se “acomoden” –un eufemismo que se usa para decir “aumenten hasta el límite de lo soportable”— la foto, aunque quizás más estable, va a ser más aterradora aún, si cabe, que la actual.
Parafraseando a Groucho Marx, podemos decir que hemos pasado un mes maravilloso. No ha sido el que pasó. Ni los que vienen.